
Usted me invita a un duelo literario, aquí, en este blog.
Si hay dos, se entiende enfrentamiento. Si hay dos se entiende opuesto. Yo y vos no somos la misma cosa, somos distintos. Tan distintos, que me dan ganas de matarte. Sacá tu revolver, cobarde!
(“Pull out your Smith and Wesson, you f… chicken!!” Billy the Kid, Nebraska,1897)
Matarte, del latín, matartus, mat, matemática, artus, arte. Matar es transformar el arte en la fría matemática…
La belleza de un objeto, dicen los expertos, consiste en que este conserve unas proporciones determinadas, que puestas a distancias considerables, proporcionan al ojo primero, y al espíritu después, la sensación de Belleza. Esto ya lo sabían los griegos. Lo vieron en la naturaleza. La llamaron La Proporción Divina y la utilizaron para diseñar, por ejemplo, El Partenón Con Mayúsculas.
Dicha proporción es, además, una progresión geométrica que se observa en el crecimiento de distintas caracolas, pinos, helechos, etc. Esta proporción divina se la denomina número áureo: 1,61803398874989. El número es una abstracción. No es una realidad palpable. No se puede comer. Se concibe en el cerebro. El número es una abstracción fría e inflexible a más no poder.
Las artes, en cambio, se pueden oír, ver, saborear, percibir directamente.
(“Hum, que rico sambayón al demi sec, lástima que esté presentado en esa compotera tan poco Warhol!”, Marta Minujin, Buenos Aires, 1998)
Transformar las artes en matemática sería entonces desconocer el sentido de la emoción. Matarte sería, en este duelo literario, desenmascarar su sentida prosa en un 2 x 4 y decir, por ejemplo: “Ajá!, su versito tan original, de la viejita desamparada en el supermercado porque nadie le ayuda a leer la letra chica de la información nutricional de un yogur descremado, en realidad remite a algo que usted leyó en la página 124 del Ensayo sobre la ceguera de Saramago, y que luego sumó al hecho de que su tía tiene fobia a los lentes de contacto, y tiene matices de su ya sabido fanatismo por la literatura de Cortázar”.
(“Matar el arte es comentar el Gol de Raúl sin patear la pelota. Imposible y estúpido a la vez”, Jorge Valdano, Madrid, 2002)
En vez de matar puedo también amar. Amar, del latin amarus. A, antes, marus, mar. Antes del mar.
El mar ocupa el 80% de la superficie de nuestro planeta. Nosotros decimos, nuestro planeta, y nos referimos a La Tierra. Desegoisémonos! vivimos en el planeta Agua. Y por ende lo conocemos poco. Muy poco. Antes del mar. Antes de algo que conocemos muy poco y que no está, por ahora, a nuestro alcance.
Cuando uno ama. Hace cosas sin saber porqué. Sin cuestionamientos. Sin pensar. “Dejalo nomás, está enamorado..” justifican los amigos al amigo ausente. Cuando uno ama, 1 mas 1 no es 2. Amar es irse a antes del conocimiento. Es irse a antes del origen de las cosas tal cual las conocemos. Es volver a la esencia. Cuando uno ama simplemente es.
(“Le zambullisment se un act de amour”, Jaques Coustou, Mar Indigo, 1982)
Los griegos estaban solo parcialmente acertados. La proporción divina existe. Los caracoles, los pinos y los helechos crecen siguiendo una progresión geométrica. Pero no hay un caracol, un pino o un helecho igual al otro.
(“Oh! Maldición! Existe el azar!”, proverbio chino)
El azar. Una variable, que quizás numérica, desestructura armónicamente la fría construcción matemática. Esta variable azarosa, insertada en la mínima suma, transforma cualquier ecuación en una incógnita incalculable. Transforma el orden en un perfecto caos.
Amar es dejarse llevar por el caos, confiando que Ese es el verdadero orden de las cosas. Amar es confiar en que hay algo más que nuestro frio cálculo. La precisión consiste en dejar que las cosas ocurran. Y el frio cerebro debería deleitarse (y aprender) observando y canalizando, impasible, esta experiencia. Amar es creer en la matemática y el cálculo, pero sin saber cuál.
Escribir amando es dejar que las manos escriban lo que ellas quieran. Lo que ellas sientan.
Escribir en este blog no es un duelo. No pienso matarte.
Escribir en este blog es un acto de amor, donde 1 más 1 no siempre será 2. Escribir en este blog es hacer matemáticas sin esperar el resultado. Es conjugar arte y ciencia. Es un salto evolutivo.
Es un reconocimiento de mi propia ignorancia y limitación. Es un principio.
Por si no me entendió se lo traduzco en dos palabras,
Si, acepto.
(“Yes, I do”, Dios, … )
Si hay dos, se entiende enfrentamiento. Si hay dos se entiende opuesto. Yo y vos no somos la misma cosa, somos distintos. Tan distintos, que me dan ganas de matarte. Sacá tu revolver, cobarde!
(“Pull out your Smith and Wesson, you f… chicken!!” Billy the Kid, Nebraska,1897)
Matarte, del latín, matartus, mat, matemática, artus, arte. Matar es transformar el arte en la fría matemática…
La belleza de un objeto, dicen los expertos, consiste en que este conserve unas proporciones determinadas, que puestas a distancias considerables, proporcionan al ojo primero, y al espíritu después, la sensación de Belleza. Esto ya lo sabían los griegos. Lo vieron en la naturaleza. La llamaron La Proporción Divina y la utilizaron para diseñar, por ejemplo, El Partenón Con Mayúsculas.
Dicha proporción es, además, una progresión geométrica que se observa en el crecimiento de distintas caracolas, pinos, helechos, etc. Esta proporción divina se la denomina número áureo: 1,61803398874989. El número es una abstracción. No es una realidad palpable. No se puede comer. Se concibe en el cerebro. El número es una abstracción fría e inflexible a más no poder.
Las artes, en cambio, se pueden oír, ver, saborear, percibir directamente.
(“Hum, que rico sambayón al demi sec, lástima que esté presentado en esa compotera tan poco Warhol!”, Marta Minujin, Buenos Aires, 1998)
Transformar las artes en matemática sería entonces desconocer el sentido de la emoción. Matarte sería, en este duelo literario, desenmascarar su sentida prosa en un 2 x 4 y decir, por ejemplo: “Ajá!, su versito tan original, de la viejita desamparada en el supermercado porque nadie le ayuda a leer la letra chica de la información nutricional de un yogur descremado, en realidad remite a algo que usted leyó en la página 124 del Ensayo sobre la ceguera de Saramago, y que luego sumó al hecho de que su tía tiene fobia a los lentes de contacto, y tiene matices de su ya sabido fanatismo por la literatura de Cortázar”.
(“Matar el arte es comentar el Gol de Raúl sin patear la pelota. Imposible y estúpido a la vez”, Jorge Valdano, Madrid, 2002)
En vez de matar puedo también amar. Amar, del latin amarus. A, antes, marus, mar. Antes del mar.
El mar ocupa el 80% de la superficie de nuestro planeta. Nosotros decimos, nuestro planeta, y nos referimos a La Tierra. Desegoisémonos! vivimos en el planeta Agua. Y por ende lo conocemos poco. Muy poco. Antes del mar. Antes de algo que conocemos muy poco y que no está, por ahora, a nuestro alcance.
Cuando uno ama. Hace cosas sin saber porqué. Sin cuestionamientos. Sin pensar. “Dejalo nomás, está enamorado..” justifican los amigos al amigo ausente. Cuando uno ama, 1 mas 1 no es 2. Amar es irse a antes del conocimiento. Es irse a antes del origen de las cosas tal cual las conocemos. Es volver a la esencia. Cuando uno ama simplemente es.
(“Le zambullisment se un act de amour”, Jaques Coustou, Mar Indigo, 1982)
Los griegos estaban solo parcialmente acertados. La proporción divina existe. Los caracoles, los pinos y los helechos crecen siguiendo una progresión geométrica. Pero no hay un caracol, un pino o un helecho igual al otro.
(“Oh! Maldición! Existe el azar!”, proverbio chino)
El azar. Una variable, que quizás numérica, desestructura armónicamente la fría construcción matemática. Esta variable azarosa, insertada en la mínima suma, transforma cualquier ecuación en una incógnita incalculable. Transforma el orden en un perfecto caos.
Amar es dejarse llevar por el caos, confiando que Ese es el verdadero orden de las cosas. Amar es confiar en que hay algo más que nuestro frio cálculo. La precisión consiste en dejar que las cosas ocurran. Y el frio cerebro debería deleitarse (y aprender) observando y canalizando, impasible, esta experiencia. Amar es creer en la matemática y el cálculo, pero sin saber cuál.
Escribir amando es dejar que las manos escriban lo que ellas quieran. Lo que ellas sientan.
Escribir en este blog no es un duelo. No pienso matarte.
Escribir en este blog es un acto de amor, donde 1 más 1 no siempre será 2. Escribir en este blog es hacer matemáticas sin esperar el resultado. Es conjugar arte y ciencia. Es un salto evolutivo.
Es un reconocimiento de mi propia ignorancia y limitación. Es un principio.
Por si no me entendió se lo traduzco en dos palabras,
Si, acepto.
(“Yes, I do”, Dios, … )
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